Como cada 12 de junio, las calles del barrio Berón de Astrada se transformaron en un escenario de fe, emoción y encuentro vecinal para toda la comunidad educativa.
La tradicional procesión en conmemoración al Sagrado Corazón de Jesús volvió a convocar a una multitud de fieles que, bajo el lema «Con el Sagrado Corazón de Jesús, sembradores de paz», renovaron su compromiso espiritual y comunitario.
La jornada central comenzó por la tarde con la salida de la imagen patronal desde la capilla ubicada en República del Líbano 250. Acompañados por las autoridades religiosas locales, como el Arzobispo de Corrientes y referentes institucionales, cientos de vecinos, alumnos y familias de nuestra comunidad caminaron escoltando la imagen en un clima de profunda oración y agradecimiento.

El paso de la procesión dejó postales conmovedoras: familias enteras saludando desde las puertas de sus casas, altares improvisados en las veredas y la participación activa de los más pequeños. Los niños del Jardín El Patito Feo sumaron su color y alegría junto a sus familias vestidos con trajes alegóricos y alumnos del Colegio Del Sagrado Corazón e Instituto Monseñor Roubineau saludaron desde sus puertas con sus abanderados y escoltas.


Tras el recorrido de los vecinos y alumnos por las calles del barrio, la multitud confluyó nuevamente en la parroquia para la celebración de la santa misa. Durante la homilía, el Arzobipso Larregain, destacó la importancia de mantener vivas estas expresiones culturales y religiosas que definen la identidad correntina, uniendo a distintas generaciones en un mismo abrazo fraterno.


Durante los días previos, la comunidad se reunió en la parroquia diariamente para rezar por intenciones específicas: la salud de los enfermos, las fuentes de trabajo, el bienestar de las familias del barrio y el destino de la Patria. También nuestras instituciones educativas recibieron la imagen del Sagrado Corazón de Jesús con importantes celebraciones en cada uno de sus niveles.
La festividad del Sagrado Corazón de Jesús en el Berón de Astrada nos enseña que no es solo un evento en el calendario litúrgico, es el reflejo de un barrio que late con fuerza propia, donde la fe se traduce en solidaridad, alegría y esperanza para afrontar los desafíos cotidianos, con un gran sentido de pertenencia y unión en Jesús.